COLUMNA POLITICA
Por Efrén Domínguez White
La ruta de Morena hacia las elecciones de 2027 comienza a despejarse y todo indica que tendrá un sello inequívoco: el liderazgo femenino. La dirigencia nacional ha dejado entrever que la definición de las candidaturas para las 17 gubernaturas que estarán en juego no sólo buscará cumplir con el principio de paridad, sino incluso superarlo.
La presidenta nacional del partido, Ariadna Montiel, sintetizó esa visión con una frase que no pasó desapercibida: “¿Qué tal que ganan 17 mujeres y ya no tenemos que ajustar nada? Esa es mi convicción, que sean sólo mujeres.” Más que una declaración de intención, el mensaje representa una señal política dirigida a los estados donde las aspirantes encabezan las preferencias internas y poseen estructuras territoriales competitivas.
En ese contexto, Michoacán ocupa un lugar estratégico.
La disputa por la Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional comienza a perfilar dos figuras con mayor fuerza: Carlos Torres Piña y Gladyz Butanda Macías. Ambos cuentan con trayectoria política, experiencia administrativa y presencia en distintas regiones del estado.
Torres Piña, exsecretario de Gobierno y exfiscal estatal, mantiene un importante capital político construido durante varios años dentro del movimiento. Por su parte, Gladyz Butanda, exsecretaria de Movilidad, ha logrado posicionarse como uno de los perfiles femeninos con mayor crecimiento político en Michoacán, fortaleciendo una presencia territorial que hoy la coloca como una de las cartas más competitivas de Morena.
Su aparición constante en las referencias de la dirigencia nacional difícilmente puede considerarse una casualidad.
El escenario cobra mayor relevancia luego de que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, recordara recientemente el episodio de 2021, cuando una resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación impidió que Raúl Morón Orozco continuara como candidato a gobernador. Aquella decisión marcó el proceso interno de Morena y permitió que el entonces senador construyera un discurso de agravio político que aún hoy forma parte de su narrativa.
Sin embargo, el contexto ha cambiado. Después de más de dos siglos de gobiernos encabezados por hombres en Michoacán, la posibilidad de que una mujer conduzca el destino político del estado deja de ser una aspiración para convertirse en una posibilidad real. Bajo ese escenario, Gladyz Butanda aparece como uno de los perfiles con mayores condiciones para encabezar esa transición histórica.
La interrogante, sin embargo, permanece abierta: ¿el impulso nacional hacia las mujeres responde exclusivamente a su posicionamiento electoral o también forma parte de una estrategia para reconfigurar los equilibrios internos de Morena?
Todo apunta a que la nueva dirigencia, encabezada por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, pretende evitar las fracturas que en procesos anteriores provocó la distribución de candidaturas bajo criterios de paridad durante la dirigencia de Mario Delgado. Hoy la apuesta parece distinta: consolidar liderazgos femeninos competitivos sin sacrificar la unidad interna.
No obstante, el discurso de cohesión convive con una realidad mucho más compleja.
Mientras oficialmente se habla de unidad, respeto al proceso y piso parejo, las diferencias entre los distintos grupos políticos continúan manifestándose.
Raúl Morón Orozco ha reiterado públicamente llamados a la unidad del morenismo michoacano, evitando confrontaciones directas con sus adversarios. Sin embargo, algunos de sus simpatizantes más cercanos han encabezado conferencias de prensa en las que se han lanzado señalamientos contra otros aspirantes. Una dinámica que, hasta ahora, no se ha observado en el entorno político de Gladyz Butanda, cuyos equipos han privilegiado una estrategia de presencia territorial antes que de confrontación mediática.
A ello se suma otro elemento político que merece atención.
Morón inició su recorrido interno acompañado por el exgobernador Leonel Godoy Rangel, quien dejó claro que el Partido del Trabajo respalda plenamente su aspiración. Sin embargo, el propio diseño de la coalición hace evidente que ninguna candidatura competitiva podrá construirse al margen de Morena.
La pregunta resulta inevitable: si el destino político de la candidatura depende finalmente de Morena y de su encuesta interna, ¿qué papel juega realmente el respaldo del PT? ¿Se trata de una herramienta de negociación o simplemente de una estrategia de presión política?
En medio de este escenario, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla reunió recientemente a los principales perfiles interesados en la coordinación estatal con el propósito de distender el ambiente político y garantizar condiciones de equidad rumbo al proceso interno.
A la reunión asistieron Raúl Morón Orozco, Carlos Torres Piña, Fabiola Alanís, Gladyz Butanda, Celeste Ascencio, Gabriela Molina, Ernesto Núñez y Raúl Zepeda, este último sin aspiraciones a la coordinación estatal.
El encuentro dejó un compromiso público: garantizar piso parejo y privilegiar el respeto entre quienes participan en la contienda.
Sin embargo, apenas concluida la reunión, surgieron nuevas descalificaciones desde algunos sectores afines a Morón y al Partido del Trabajo, dirigidas principalmente contra Torres Piña, Fabiola Alanís y Gladyz Butanda, mientras el resto de los equipos continuó concentrado en el trabajo territorial.
La verdadera prueba apenas comienza.
Morena enfrenta el reto de demostrar que puede conducir un proceso interno competitivo sin fracturas y que el discurso de unidad no quedará únicamente en el terreno de las declaraciones.
Porque, al final del día, más allá de encuestas, alianzas y respaldos políticos, la pregunta que hoy recorre los pasillos del morenismo michoacano sigue siendo la misma:
¿Quién respetará realmente las reglas del proceso cuando llegue el momento de aceptar el resultado?
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