¿La educación? En el marasmo

Un año sin clases y seguimos sin ningún tipo de plan para que los alumnos puedan regresar a las aulas

Me parece que, después de las muertes y los enfermos, el abandono de la educación en México es la mayor tragedia que hasta ahora nos ha dejado la pandemia. Y es que nos hemos quedado sin futuro en nuestro país y ni cuenta nos damos.

Un año sin clases y seguimos sin ningún tipo de plan para que los alumnos puedan regresar a las aulas. Nadie sabe cuánto habrá que esperar, ni qué hacer mientras tanto —fuera de lo que ya se hace que es cercano a nada— o cómo retornar de forma paulatina a las actividades. Simplemente no hay plan.

Hay, eso sí, una claudicación total, al grado de que las autoridades ni siquiera se acuerdan del asunto. Tuvieron que saltar las asociaciones de padres de familia y las escuelas exigiendo un regreso para que la SEP respondiera, y aún así tardó tres días en hacerlo: “todavía no”, dijo. “Se debe hacer posible el regreso primero.”

Pero detrás de esa frase de la hoy secretaria de Educación, Delfina Gómez Álvarez, no hay mucho más. Se requiere implementar un plan serio y estructurado para reiniciar la impartición de clases de manera paulatina, constante y segura. Ello requiere de la participación de maestros, autoridades, padres de familia y expertos para poder trazar e implementar un modelo híbrido de asistencia y trabajo en casa. ¿Hay un recuento por parte de las autoridades de las mejores prácticas impulsadas en otras latitudes? No se sabe; al menos no nada se dice públicamente al respecto.

El sistema educativo en el país ha dejado al garete a todos los actores que lo conforman, ni siquiera ofreciendo el mínimo indispensable. Pensar que solo con horas frente a la TV lograrán sustituir toda la experiencia didáctica que significa un centro escolar es no entender nada.

Los alumnos podrán seguir pasando de año, pero dentro de poco veremos las grandes diferencias de aquellos que pudieron tener acceso a una educación más o menos integral que las tecnologías de la información permiten contra quienes solo contaron con su televisión. Y dije “más o menos integral”, pues ciertos aspectos de la educación como la convivencia o el ejercicio grupal tampoco son posibles no importando las tecnologías con las que se cuente.

Es urgente adoptar y llevar a cabo un sistema híbrido, donde los pupilos regresen a las aulas de forma escalonada. Se concrete lo que pueden hacer en su casa y lo que debe ser un aprendizaje presencial. Entre más nos tardemos con mayor profundidad estaremos condenando a varias generaciones a tener serias deficiencias en su educación y, con ello, sus probabilidades de poder desarrollarse y mejorar.

Pareciera que los gobiernos federal y locales no saben de la importancia de la educación. Ni siquiera tuvieron a bien dar acuse de recibo a las recomendaciones que recientemente pronunció Bill Gates con respecto a México: “un buen sistema educativo representa más que el dinero… la educación es la primera clave para desarrollar un país o la inteligencia de su gente”. A la Cuarta Transformación no le agradó en particular el que el gigante de la tecnología dijera que: “en términos más generales, el sistema educativo en México es muy débil, por ejemplo, en cuanto a la rendición de cuentas de los maestros con relación al nivel económico de México, y tener un buen sistema educativo es mucho más importante que sacar petróleo del subsuelo. México podría tener un futuro muy brillante sin el petróleo porque su principal recurso es su gente”.

Mientras el Conacyt financia proyectos cuyo objeto es monitorear a la oposición política y se flagela la libertad de opinión en lugar de invertir en investigación y la ciencia, el sistema educativo en México se encuentra pasmado. Urgen definiciones, de preferencia bien pensadas y mejor implementadas.

POR VERÓNICA MALO

VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

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