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Morena: ¿hegemonía política o reflejo del vacío opositor?

**Columna Política

Por Efrén Domínguez White**

Los padrones de la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos del INE indican que al cierre de 2025, Morena llegó a 11,050,758 millones de militantes en todo el país, mientras que los otros cinco partidos políticos alcanzan 2.6 millones juntos.

Puede ser una imagen de una o varias personas y texto que dice "sumate SOMOSMILLONES SOMOS MILLONES morena LaesperanzadeMexice Laesperanzade México 2/17 AFILIACIONES VALIDADAS ANTE EL INE 11,050,7 758 Corte: 14 de enero de 2026, 10:00 a.m. morena La esperanza de México"

En poco más de una década, Morena pasó de ser una fuerza emergente a convertirse en el partido político más poderoso en la historia contemporánea de México. Su crecimiento no sólo ha sido electoral, sino territorial, social y simbólico. La pregunta de fondo no es únicamente qué ha logrado Morena, sino qué revela su expansión sobre el sistema político mexicano y sobre la ciudadanía misma.

El ascenso de Morena no puede entenderse sin la figura de Andrés Manuel López Obrador. Su llegada a la Presidencia en 2018 no sólo significó un cambio de gobierno, sino el colapso de un régimen de partidos que durante décadas se alternaron el poder sin lograr transformar de fondo la vida pública del país. Morena supo capitalizar el hartazgo social frente al PRI y al PAN, absorber sus bases, sus liderazgos y, sobre todo, su discurso vacío.

La desaparición práctica del PRI como fuerza nacional dominante no fue producto exclusivo del avance de Morena, sino de su propio desgaste histórico: corrupción, distancia con la ciudadanía y pérdida de identidad. Morena no lo derrotó ideológicamente; lo sustituyó, ocupando su espacio territorial, sus redes clientelares y su maquinaria política, ahora bajo el lenguaje de la “transformación”.

La afiliación masiva, los triunfos electorales consecutivos y el control de la mayoría de las instituciones plantean un escenario inédito: un partido joven con un poder que ni siquiera el PRI en sus años de oro logró concentrar. Esto abre una reflexión inevitable:
¿estamos frente a una democracia fortalecida por la participación popular o ante una nueva hegemonía que corre el riesgo de reproducir los vicios del pasado?

El éxito de Morena también desnuda la debilidad de la oposición. PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano no sólo han perdido elecciones, han perdido sentido, base social y capacidad de convocatoria. La ciudadanía no parece migrar a Morena por convicción ideológica profunda, sino porque hoy representa poder, pertenencia y oportunidad. Eso debería preocupar tanto como celebrar.

Finalmente, la consolidación de Morena plantea un reto histórico: demostrar que no basta con ganar, sino con gobernar distinto. La concentración de poder exige mayor responsabilidad, autocrítica y apertura. La historia política de México ya mostró que los partidos hegemónicos, cuando confunden fuerza con infalibilidad, terminan alejándose del pueblo que los llevó al poder.

La gran reflexión no es si Morena ganó —eso es evidente—, sino si sabrá evitar convertirse en aquello que prometió derrotar. El futuro político del país dependerá no sólo de Morena, sino de una ciudadanía capaz de exigir, cuestionar y no delegar su conciencia a ningún color.

Por ahora, la Cuarta Transformación sigue arrasando en todo el país con un ejército de militantes que en la próxima elección tendrán la misión de salir a las urnas no sólo a votar sino a vigilar y defender el proceso, para seguir controlando el poder de todos los niveles como el nuevo ‘partidazo’, el más poderoso del que se tenga registro.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Imagen Informativa Digital.

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