MORELIA, Mich., 11 de febrero de 2026.– En tiempos donde las definiciones internas y las aspiraciones electorales comienzan a tensar el ambiente político, la secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad, Gladyz Butanda Macías, lanzó un mensaje que resonó más allá de la coyuntura partidista: “Hay que servirle al movimiento, no servirnos del mismo”.
La declaración no fue menor ni casual. La funcionaria estatal retomó el llamado de atención que la presidenta Claudia Sheinbaum dirigió a legisladores de Morena en Baja California, a quienes exhortó a regresar al territorio y a trabajar de cara a la ciudadanía. Para Butanda, el mensaje presidencial no solo fue pertinente, sino necesario.
“El regaño de nuestra Presidenta está justificado. Debemos justificar por qué estamos ocupando un espacio en la función pública. Estamos para servirle al movimiento, no para servirnos del mismo”, expresó con firmeza, consciente de que sus palabras tocan fibras sensibles en un partido que enfrenta el reto de no divorciarse de sus principios fundacionales.
Autocrítica en tiempos de definiciones
La reflexión de Butanda ocurre en un momento clave: Morena se encamina a definir candidaturas en medio de un escenario donde las aspiraciones personales comienzan a multiplicarse.
Sin mencionar nombres, la secretaria planteó una crítica de fondo: la tentación de convertir los cargos públicos en trampolines políticos.
“Muchas veces demandamos una candidatura sin pensar en qué vamos a hacer si afianzamos nuestras aspiraciones electorales, o en cómo le vamos a ayudar al pueblo desde determinado espacio”, señaló.
El mensaje es claro: antes que la ambición, el compromiso; antes que la estrategia electoral, el proyecto social.
En un contexto donde la ciudadanía observa con escepticismo a la clase política, la congruencia se convierte en moneda de alto valor.
Resultados como carta de presentación
Butanda no habló únicamente desde el discurso. Puso sobre la mesa los proyectos que ha encabezado como parte de su gestión: los teleféricos de Morelia y Uruapan —emblemas de movilidad urbana con enfoque social—, el nuevo Mercado de Pátzcuaro, el parque ecoturístico de la Presa de la Luz en Jacona, la ampliación de la avenida Amalia Solórzano y la macroglorieta de Villas del Pedregal.
Obras que, afirma, buscan transformar el entorno urbano con una visión de bienestar colectivo.
En su narrativa, el servicio público debe traducirse en infraestructura, oportunidades y espacios dignos.
Sin embargo, su postura también implica un desafío interno: demostrar que los proyectos no solo son símbolos de gestión, sino instrumentos reales de justicia social y desarrollo equitativo.
En ello radica la vara con la que la propia militancia y la ciudadanía medirán la congruencia de quienes aspiran a representar al movimiento.
El reto de no perder el rumbo
Morena nació como una alternativa que prometía erradicar prácticas del pasado: el uso faccioso del poder, el clientelismo y la simulación.
Hoy, con responsabilidades de gobierno y mayoría en distintos espacios, enfrenta el riesgo natural de todo partido en el poder: institucionalizarse y, con ello, diluir su esencia.
La advertencia de Butanda parece apuntar precisamente a ese dilema. Servir al movimiento implica mantener el vínculo con la base social, recorrer colonias y comunidades, escuchar demandas y convertirlas en políticas públicas tangibles. Servirse del movimiento, en cambio, implicaría reducirlo a una plataforma personal.
En esa delgada línea se juega no solo una candidatura, sino la credibilidad de un proyecto político.
Un mensaje con destinatarios claros
Aunque formulado en términos generales, el mensaje tiene eco en la militancia que hoy compite por posiciones rumbo al próximo proceso electoral.
La definición de candidaturas será una prueba de coherencia interna y de capacidad para privilegiar perfiles con trabajo comprobable y cercanía social.
Gladyz Butanda coloca así una vara alta: la del servicio y la congruencia. Su declaración es, al mismo tiempo, un respaldo al llamado presidencial y una invitación a la autocrítica dentro del partido.
En tiempos donde la política suele reducirse a estrategias y cálculos, la funcionaria apuesta por recuperar el sentido original del encargo público: trabajar para el pueblo.
La pregunta que queda en el aire es si el movimiento estará dispuesto a escucharse a sí mismo.
