El Congreso Nacional de Morena ha sido convocado para renovar únicamente la presidencia y la secretaría de Finanzas; la cartera que ocupa Andrés López Beltrán no será renovada.
La reconfiguración interna de Morena rumbo a su Congreso Nacional dejó una señal clara dentro del partido guinda: Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización e hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, mantiene —al menos por ahora— una posición estratégica dentro de la estructura nacional, pese a los movimientos impulsados por la presidenta Claudia Sheinbaum para fortalecer su control político sobre el partido.
La convocatoria emitida este lunes por la presidenta nacional saliente de Morena, Luisa María Alcalde, establece que el próximo Congreso Nacional únicamente renovará dos posiciones del Comité Ejecutivo Nacional: la presidencia del partido y la Secretaría de Finanzas.
Con ello, la Secretaría de Organización —que encabeza Andrés Manuel López Beltrán— queda fuera de cualquier discusión inmediata.

La decisión es interpretada dentro de Morena como un mensaje de equilibrio entre los distintos grupos que hoy disputan influencia al interior del movimiento.
Aunque en semanas recientes crecieron las versiones sobre una eventual reestructuración total del Comité Ejecutivo Nacional, la convocatoria mantiene intactas áreas clave como Organización, Secretaría General, Mujeres, Jóvenes, Diversidad Sexual, Pueblos Originarios y Comunicación.
Fuentes internas del partido señalan que López Beltrán podría permanecer en el cargo, al menos hasta después de las elecciones del próximo 7 de junio en Coahuila, donde Morena enfrentará una complicada contienda para renovar el Congreso local sin el respaldo de sus aliados tradicionales.
Incluso en medio de la tensión política interna, el hijo del expresidente continúa operando políticamente.
Hace apenas unos días encabezó reuniones con diputados federales morenistas para definir la estrategia territorial y electoral rumbo a esos comicios, considerados una prueba importante para medir la capacidad organizativa del partido en una etapa de transición nacional.
Dirigencia interina para enfrentar la crisis interna
La convocatoria también confirma que la nueva presidencia nacional será de carácter interino y concluirá el periodo originalmente asignado a Luisa María Alcalde, del 3 de mayo de 2026 al 1 de octubre de 2027.
El documento subraya que la nueva dirigencia deberá “fortalecer la organización y velar por el legado” del expresidente López Obrador, además de respaldar políticamente al gobierno de Claudia Sheinbaum.
El Congreso será conducido por la propia Luisa María Alcalde y por el gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena, Alfonso Durazo.
Entre los posibles movimientos destaca la eventual incorporación de Ariadna Montiel al Consejo Nacional, paso indispensable para perfilarla como futura presidenta nacional del partido.
Su nombre ha cobrado fuerza dentro del morenismo como una figura cercana al proyecto presidencial de Sheinbaum y con capacidad de conciliación interna.
Sheinbaum mueve sus piezas dentro de Morena
El Congreso Nacional será también la culminación de una serie de movimientos políticos impulsados desde Palacio Nacional durante las últimas semanas.
Primero ocurrió la salida de Citlalli Hernández de la Secretaría de las Mujeres para asumir la presidencia de la Comisión de Elecciones del partido.
Posteriormente, Claudia Sheinbaum invitó a Luisa María Alcalde a integrarse a la Consejería Jurídica de la Presidencia, tras la salida de Esthela Damián, quien buscará la gubernatura de Guerrero.
Hasta ahora, la presidenta ha evitado confrontaciones públicas y ha respaldado abiertamente a las funcionarias involucradas en estos ajustes internos.
En su conferencia matutina, Sheinbaum aseguró que no ha recibido ninguna renuncia formal de Ariadna Montiel, aunque las versiones sobre su posible llegada a la dirigencia nacional continúan creciendo.
La renovación interna de Morena ocurre en un momento delicado para el partido gobernante, que enfrenta desafíos electorales, disputas de liderazgo y la necesidad de reorganizar su estructura rumbo a las elecciones federales y locales del próximo año.
Mientras tanto, Andrés Manuel López Beltrán conserva una de las posiciones más estratégicas del movimiento, manteniendo viva la influencia política del obradorismo dentro del partido que fundó su padre.
